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Archive for 9 diciembre 2009

flores con brisa

Por Eloise

No hace mucho tiempo que salí corriendo de mi ciudad, de mi país, de mi código postal, con una furia un tanto instintiva , con un objetivo en la mente y  tomando la mano de mi hijo y de mi marido ( si, como película mexicana), decidí empezar de nuevo. Digo empezar de nuevo por que para mi la vida se había convertido en una tragicomedia interminable, decidí gritar: Corte!, y decirme : comienza de nuevo la escena.

Cuando la dicha escena comenzó mi hijo tenía 6 años y llevaba una chamarra debajo del brazo y un sin fin de preguntas, que hasta la fecha no termino de contestar y algunas afortunadamente no tengo que contestarlas. La escena con la cual comenzamos fue muy sencilla visualmente: un papá, una mamá, un hijo y 3 maletas en un aeropuerto; sin embargo pensaba que en lugar de ser un papá, una mamá y un hijo éramos tres seres humanos sentados frente a una gran posibilidad. ¿Por qué digo gran posibilidad? Porque podíamos hacer borrón y cuenta nueva.  Había que construir algo de nuevo, había que estar ahí los tres y existir. Ese día la idea que tenía sobre la maternidad o lo que había estado creyendo que era  se desvaneció entre mis manos. Estaba dando un paso diferente al que mi madre o que mi abuela habían dado, había abierto una puerta diferente, no digo que mejor o peor sino diferente, había involucrado a mi hijo y le había dicho bruscamente, tal vez : la vida cambia constantemente, el exterior cambia, la gente con quien te relacionas es múltiple, pero la esencia no. Hay que buscar la esencia entonces. Claro que mis conversaciones con mi hijo siempre han sido un poco así, profundas e inadecuadas para las diferentes etapas de desarrollo pero al fin eso tiene que ver más con mi personalidad que con mi intención  profunda de amarle.  Esto resume un poco de que van estas cartas que escribo sobre mi experiencia de la maternidad de eso que a veces parece una condición más que una aventura.

The Road to Nowhere cuando nowhere es precisamente esa incertidumbre que crea la posibilidad.

Cuando mi hijo iba en el metro por primer vez, me preguntaba con su chamarra debajo del brazo: ¿A dónde vamos mamita? ¿Nos vamos a bajar aquí? y yo le contestaba: ¿a dónde quieres ir tú? Pero, mi respuesta iba más allá claro, a Donde  tu quieras ir te acompaño. Esta idea ha permanecido después de hace ya  algunos años. Cuando llegamos a esta ciudad nos desconfiguramos mentalmente, al ser todo nuevo para nuestros ojos, para nuestra comprensión la identificación y la comparación entre el pasado y el presente se hacía inevitable. Estar lejos de México no significaba mas que estar lejos de memorias, dudas, olores, de  referentes,  éramos la madre y el hijo viviendo todo de nuevo sin embargo la palabra <Madre> como comúnmente la entendía  me daba  el derecho de creer saberlo todo, me daba el peso de resolver y de decidir que es <bueno> y <malo> para mi hijo.   Así comienza todo en este mundo, así lo creo ahora, vamos llenando el saco de una generación a otra y al final ya nadie se acuerda de quién es qué. Esto me lo digo y lo comparto. Te dicen tantas cosas sobre la concepción, el embarazo, la maternidad que al final no sabes qué es útil y qué es inútil.  Te equivocas y te equivocas o tal vez aciertas constantemente  pero luego me pregunto: ¿Según quien? ¿Un grupo de madres? ¿tu madre? ¿tu familia? ¿tu sociedad? ¿tu país? ¿tu mundo? y como decía Mafalda: ¡Paren este mundo que me quiero bajar!

Esta es una de las reflexiones que  diez años junto a mi hijo me ha regalado, me ha dado la oportunidad de verme al espejo realmente  y repetir constantemente en mi  mente ese punto en donde la realidad colapsa y encima el niño llora sin cesar y tu cuerpo deformado se  manifiesta, en donde las noches son eternas y el biberón no se calienta, el niño sigue llorando y tu instinto es una casualidad.

Sin embargo la experiencia que he tenido hasta ahora es estar constantemente ante la posibilidad de compartir, de amar realmente y esto no es un concepto, es una experiencia que se presenta todos los días y desvanece en cada instante.

El hijo adorable que repite los gestos de los padres y que físicamente puede tener los mismos rasgos y si uno quiere sigue el mismo camino sin equivocarse, según cuál sea nuestra percepción de equivocarse en la vida, pero qué pasa con la esencia, qué pasa con ese ser que nace y que antes de que pueda decidir ya hemos decidido por él.

Cuando estaba embarazada de 5 meses pensaba: ¿Cómo puede ser que dentro de mi vientre exista un ser humano? esto no lo comprendía viendo libros, fotos y videos, por que iba más allá, realmente tiene una doble lectura, la que te venden es muy superficial, es muy adornada si somos sinceras, realmente es algo extraño, por que físicamente te deformas y luego algo que nunca haz visto se mueve dentro de ti,  lo racionalizamos y parece todo normal, claro  lo amamos, lo idealizamos y el vínculo parece tan abstracto en los nueve meses. Esto lo observaba como un brusco acontecimiento de la vida.

Y ahora después de esa primera parte me pregunto si me salvó el instinto maternal o fue el contacto de tener en mis brazos a un ser que no conocía, aceptar que no tenía un imaginario tan arraigado sobre lo que sería tan arraigado, que abrazaba en mis brazos miles de posibles destinos, que tenía un cuerpo que probablemente se parecería al mío o al de su padre, abuelos, tíos etc.. pero que su esencia no nos correspondía.

Nuestra llegada a esta ciudad tenía una similitud con el nacimiento, no reconocer nada y ser tan vulnerable a cualquier estímulo, no pertenecer a nada y a la vez estar bajo el brazo de una cultura, de una historia.

Esto lo escribo por que lo relaciono con lo que te dicen que algo será y luego de lo que tu vives sobre ese algo, la idea de que estamos constantemente pariendo y que siempre nacemos ante un nuevo cambio.  Que la percepción de la realidad depende en gran medida de la programación que llevamos en estos CPU que llevamos en la cabeza. Con 38 años en este mundo, en esta forma llamada hombre, en este cuerpo definido femenino, con esta nacionalidad llamada mexiana, residente de  este territorio de España en esta indefinida condición llamada identidad puedo encontrar un espacio para observar mi actuar bajo la palabra Madre a través de mi vida. Compartir esto resulta un compromiso bastante fuerte por que cada memoria se conecta con otras memorias, mentirme sería mentir en público lo cual hace innecesario la idea de compartir.

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“La Bandera de la Vida , cuando ondea en el aire, conmueve a todas las almas”. Umberto Eco [En qué Creen los que no Creen, 1997].

Como madre es muy difícil imaginarse bajo qué circunstancias uno como mujer podría tomar una decisión tan fuerte como abortar. Tampoco puedo imaginarme mi vida privada del amor incondicional de mi hija.

Pero al darme cuenta que más de la mitad de los Estados que componen mi país, penalizan el aborto y por lo menos uno de ellos lo considera asunto penal, desde el momento mismo de la concepción, me preocupa y también me ocupa, porque como mujer no puedo aceptar, ni siquiera tolerar que existan leyes de aplicación exclusiva a cierto grupo, o peor aún que estas leyes finalmente sean una cuestión de género.

Se supone que en una democracia, las leyes son de “Aplicación General”, y una ley anti-aborto per-se afecta directamente a las mujeres, en virtud de que somos precisamente “nosotras” las felizmente beneficiadas con un útero.  Y esta diferencia biológica, se ha aprovechado para hacernos vulnerables y muchas veces víctimas del bastión favorito de la misoginia: el Derecho a la Vida.

Cuando pienso en este tipo de leyes que utilizan “Valores Supremos” como banderas para ganarse simpatizantes, y por otro lado generar el más amplio aniquilamiento de libertades y derechos de un grupo específico, automáticamente empiezan a surgir en mi cabeza referentes como: Alemania durante la Segunda Guerra Mundial contra los Judíos,  El Apartheid contra los Sudafricanos NO Blancos, hoy día en algunos países sobre todo musulmanes, donde entre otros derechos negados a la mujeres se encuentra el derecho de elección [¿suena familiar?].

En una belleza de ejercicio de intercambio epistolar realizado de marzo de 1995 a enero de 1996, entre dos de las mentes más brillantes que ha conocido nuestro planeta en los últimos tiempos: Umberto Eco y el entonces Cardenal de Milán, Carlo María Martini (Jesuita por cierto), se establece un debate sobre distintos temas “críticos” tradicionalmente antagónicos entre el mundo laico y el mundo religioso, uno de ellos,  el Aborto.

Umberto Eco abre el debate con una muy apropiada aclaración:

“…..a mi no se me ha sucedido jamás aconsejarle el aborto o aceptar su voluntad de abortar a una mujer que se declara embarazada a causa de mi colaboración. Si me hubiera sucedido alguna vez, habría hecho todo por persuadirla para dar vida a esa criatura, sin importar el precio que JUNTOS hubiéramos tenido que pagar. Y es así que considero que el nacimiento de un niño es una cosa maravillosa, un milagro natural que se debe aceptar. Y sin embargo, NO me sentiría capaz de imponer mi posición ética (esta disposición pasional mía, esta persuasión intelectual mía a cualquiera).

Y más adelante agrega un fragmento que personalmente considero podría establecer un balance en cualquier debate, por aguerrido que este fuera:

“Me parece que existen momentos terribles, de los que todos nosotros sabemos poquísimo (por lo que me abstengo de hacer ninguna tipología o casuística), en los que una mujer tiene derecho a tomar una decisión autónoma que concierne a su cuerpo, sus sentimientos y su futuro.

El Estado penaliza el acto de “Interrumpir una vida” pero ¿qué hace el Estado para garantizar que la madre reciba el debido apoyo cuando por cualquier razón, no se encuentra en posibilidades ya sea físicas, económicas, psicológicas o incluso emocionales de educar a este futuro ser humano? ¿Como se asegura el estado de que este nuevo ser, tenga el mismo amor y oportunidades que otros nacidos en circunstancias “ideales”? ¿De qué manera va a garantizar el Estado que esa mujer a quien le “prohíbe” realizar un acto que ella misma considera para su propio beneficio, reciba la debida atención medica para su cuidado prenatal, y posteriormente durante el parto y postparto?

Por otro lado, el Estado penaliza el aborto con una mano, y con la otra (la que esconde), permite que las empresas exijan pruebas de embarazo y con esa misma prueba, de resultar positiva, se le cierran las puertas de ese empleo que pudiese permitirles subsistir a ella y su bebe, negándoseles asimismo la atención medica tan necesaria en estos casos.

¿Porqué no crear o aplicar leyes que castiguen a las empresas que solicitan el examen de embarazo a las mujeres? ¿Porqué no crear o aplicar leyes que obliguen al IMSS prestar atención medica a mujeres embarazadas desempleadas, sin trámites engorrosos, y largas esperas?

Si en verdad es nuestro propósito ser un país con “altos valores morales”, como presumimos cada vez que queremos aprobar una ley que afecta a una “minoría”, no sería más moral cerrar “Taibols”, prostíbulos disfrazados de masajes, casinos disfrazados de juegos de números para que quepan en la legislación actual, aplicar leyes severas a pederastas  y/o cómplices de pederastas, en lugar de permitirles seguir gobernando un Estado.

Dice Carlo María Martini, en respuesta a Umberto Eco:…(dentro de)….”esos puntos de los que nacen incomprensiones profundas que se traducen en conflictos en el plano político y social, el tema de la Vida, es ciertamente uno de estos puntos críticos de conflicto, en particular en lo que respecta a la legislación sobre la interrupción del embarazo. Los conflictos son siempre terrenos infieles.

Resulta absurdo penalizar algo sobre la base de un concepto que no es Universal y/o que no es claro para todos ( a veces pienso seriamente que ni para quien redactó la ley). El concepto de Vida, así como la definición de en qué etapa del desarrollo de un embrión se debe aplicar este concepto de vida es un grave problema no únicamente legal o civil, sino sobre todo moral y religioso. La siguiente explicación de Carlo María Martini, denota un pensamiento religioso progresista que antepone lo humano a cualquier otro elemento que pudiera considerarse antes de prohibir o permitir un acto determinado:

“No quisiera recurrir aquí  a un llamado genérico sobre el “derecho a la vida” que puede resultar frío e impersonal. Se trata de una responsabilidad concreta hacia quien es el resultado de un amor grande y personal y, por lo tanto, de responsabilidad hacia “alguien”. En cuanto que es llamado y amado, este alguien  tiene ya rostro, es objeto de cuidado y afecto,  Toda la violación de esta exigencia de afecto y de cuidado , no puede ser vivida más que como conflicto, en un sufrimiento profundo y en una laceración dolorosa. Lo que decimos es que es necesario hacer todo para que este conflicto no ocurra, para que esta laceración no se produzca. Son heridas que cicatrizan difícilmente, quizá nunca. Quien lleva las huellas es sobre todo la mujer, la primera a quien se le confió, con confianza, lo más débil y lo más noble que existe en este mundo”.

Y mas adelante, el Cardenal agrega esta importante noción:

“Si aquí se encuentra el problema ético y humano, el consecuente problema civil será: ¿cómo ayudar a las personas y a las sociedad entera  a evitar lo mas posible estas laceraciones? ¿cómo apoyar a quien se encuentra en un aparente o real conflicto de deberes, para que no sea aplastado?”

Nota del Autor: Es una verdadera pena que nuestros políticos no lean, porque en verdad dar lectura a un debate con este nivel de intelecto y cordialidad, me pone al punto de las lágrimas cuando comparo con lo que veo en el Canal del Congreso.

Yo quiero preguntarles a estos legisladores que propusieron y después aprobaron las leyes antiaborto vigentes en nuestro país ¿De qué sirve defender la “vida” de un embrión, cuando no pueden defender a un país de la pobreza y el rezago social? ¿A poco se creen eso de que “el niño trae la torta bajo el brazo”? Si, nomás hay que darse una vueltecita por las calles de sus distritos electorales, ya que hayan dado de cenar y acostado a sus hijos, a buena hora para que al día siguiente vayan a la escuela. A esa misma hora en la que “sus” hijos duermen, otros cientos de miles de niños en este país, están en la calle, luchando por la “torta prometida” a lado de sus madres, y por cierto muy pocas veces se le ve al padre.

Señores, pregunto: ¿Dónde esta la igualdad de derechos y obligaciones? ¿En qué momento perdimos nuestra humanidad?

Insisto que personalmente no veo una circunstancia en mi que hubiera podido obligarme a tomar la decisión de interrumpir un embarazo, por mi educación, mi cultura y mis medios; pero puedo ver la necesidad, muchas veces imperiosa en otras personas, en otras mujeres, de contar con una salida, con una oportunidad, con una sola puerta que pudieran cerrar y dejar atrás un error, un pasado de abusos, o cualquier circunstancia que les impida encontrar la libertad de vivir mejor.

Los invito Señoras y Señores legisladores, a empezar a ver “al otro” que vive en condiciones muy distintas a las suyas, y a quien sus acciones como representantes de nuestro voto, repercuten de maneras insospechadas y a veces hasta canallas.

Cierro citando textualmente a la Dra. Esther Cohen, quien realizó la maravillosa traducción de estas cartas intercambiadas entre Umberto Eco y Carlo Maria Martini, y autora del texto erudito que compone el prólogo de dicha obra(*):

“Es el malestar de este siglo (XX) que no ha sabido aceptar al otro como la diferencia de cultura, de credo, de opción de vida, el que habla a través de sus filósofos, sus escritores y sus científicos; es este malestar el que nos conduce nuevamente a poner en el centro de la reflexión crítica la responsable necesidad de ser responsable”.

(*) ¿En que creen los que no creen?, Umberto Eco y Carlo Maria Martini. Editorial Taurus, 1997.

Definir qué es  y dónde comienza la vida, es una pregunta que nos llevaría nuestra vida entera. Hacerme estas preguntas , créame,  es un duro peso moral, intelectual y emotivo , también para mi. (U. Eco a Carlo María Martini en: “En qué creen los que no creen”)

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