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flores con brisa

Por Eloise

No hace mucho tiempo que salí corriendo de mi ciudad, de mi país, de mi código postal, con una furia un tanto instintiva , con un objetivo en la mente y  tomando la mano de mi hijo y de mi marido ( si, como película mexicana), decidí empezar de nuevo. Digo empezar de nuevo por que para mi la vida se había convertido en una tragicomedia interminable, decidí gritar: Corte!, y decirme : comienza de nuevo la escena.

Cuando la dicha escena comenzó mi hijo tenía 6 años y llevaba una chamarra debajo del brazo y un sin fin de preguntas, que hasta la fecha no termino de contestar y algunas afortunadamente no tengo que contestarlas. La escena con la cual comenzamos fue muy sencilla visualmente: un papá, una mamá, un hijo y 3 maletas en un aeropuerto; sin embargo pensaba que en lugar de ser un papá, una mamá y un hijo éramos tres seres humanos sentados frente a una gran posibilidad. ¿Por qué digo gran posibilidad? Porque podíamos hacer borrón y cuenta nueva.  Había que construir algo de nuevo, había que estar ahí los tres y existir. Ese día la idea que tenía sobre la maternidad o lo que había estado creyendo que era  se desvaneció entre mis manos. Estaba dando un paso diferente al que mi madre o que mi abuela habían dado, había abierto una puerta diferente, no digo que mejor o peor sino diferente, había involucrado a mi hijo y le había dicho bruscamente, tal vez : la vida cambia constantemente, el exterior cambia, la gente con quien te relacionas es múltiple, pero la esencia no. Hay que buscar la esencia entonces. Claro que mis conversaciones con mi hijo siempre han sido un poco así, profundas e inadecuadas para las diferentes etapas de desarrollo pero al fin eso tiene que ver más con mi personalidad que con mi intención  profunda de amarle.  Esto resume un poco de que van estas cartas que escribo sobre mi experiencia de la maternidad de eso que a veces parece una condición más que una aventura.

The Road to Nowhere cuando nowhere es precisamente esa incertidumbre que crea la posibilidad.

Cuando mi hijo iba en el metro por primer vez, me preguntaba con su chamarra debajo del brazo: ¿A dónde vamos mamita? ¿Nos vamos a bajar aquí? y yo le contestaba: ¿a dónde quieres ir tú? Pero, mi respuesta iba más allá claro, a Donde  tu quieras ir te acompaño. Esta idea ha permanecido después de hace ya  algunos años. Cuando llegamos a esta ciudad nos desconfiguramos mentalmente, al ser todo nuevo para nuestros ojos, para nuestra comprensión la identificación y la comparación entre el pasado y el presente se hacía inevitable. Estar lejos de México no significaba mas que estar lejos de memorias, dudas, olores, de  referentes,  éramos la madre y el hijo viviendo todo de nuevo sin embargo la palabra <Madre> como comúnmente la entendía  me daba  el derecho de creer saberlo todo, me daba el peso de resolver y de decidir que es <bueno> y <malo> para mi hijo.   Así comienza todo en este mundo, así lo creo ahora, vamos llenando el saco de una generación a otra y al final ya nadie se acuerda de quién es qué. Esto me lo digo y lo comparto. Te dicen tantas cosas sobre la concepción, el embarazo, la maternidad que al final no sabes qué es útil y qué es inútil.  Te equivocas y te equivocas o tal vez aciertas constantemente  pero luego me pregunto: ¿Según quien? ¿Un grupo de madres? ¿tu madre? ¿tu familia? ¿tu sociedad? ¿tu país? ¿tu mundo? y como decía Mafalda: ¡Paren este mundo que me quiero bajar!

Esta es una de las reflexiones que  diez años junto a mi hijo me ha regalado, me ha dado la oportunidad de verme al espejo realmente  y repetir constantemente en mi  mente ese punto en donde la realidad colapsa y encima el niño llora sin cesar y tu cuerpo deformado se  manifiesta, en donde las noches son eternas y el biberón no se calienta, el niño sigue llorando y tu instinto es una casualidad.

Sin embargo la experiencia que he tenido hasta ahora es estar constantemente ante la posibilidad de compartir, de amar realmente y esto no es un concepto, es una experiencia que se presenta todos los días y desvanece en cada instante.

El hijo adorable que repite los gestos de los padres y que físicamente puede tener los mismos rasgos y si uno quiere sigue el mismo camino sin equivocarse, según cuál sea nuestra percepción de equivocarse en la vida, pero qué pasa con la esencia, qué pasa con ese ser que nace y que antes de que pueda decidir ya hemos decidido por él.

Cuando estaba embarazada de 5 meses pensaba: ¿Cómo puede ser que dentro de mi vientre exista un ser humano? esto no lo comprendía viendo libros, fotos y videos, por que iba más allá, realmente tiene una doble lectura, la que te venden es muy superficial, es muy adornada si somos sinceras, realmente es algo extraño, por que físicamente te deformas y luego algo que nunca haz visto se mueve dentro de ti,  lo racionalizamos y parece todo normal, claro  lo amamos, lo idealizamos y el vínculo parece tan abstracto en los nueve meses. Esto lo observaba como un brusco acontecimiento de la vida.

Y ahora después de esa primera parte me pregunto si me salvó el instinto maternal o fue el contacto de tener en mis brazos a un ser que no conocía, aceptar que no tenía un imaginario tan arraigado sobre lo que sería tan arraigado, que abrazaba en mis brazos miles de posibles destinos, que tenía un cuerpo que probablemente se parecería al mío o al de su padre, abuelos, tíos etc.. pero que su esencia no nos correspondía.

Nuestra llegada a esta ciudad tenía una similitud con el nacimiento, no reconocer nada y ser tan vulnerable a cualquier estímulo, no pertenecer a nada y a la vez estar bajo el brazo de una cultura, de una historia.

Esto lo escribo por que lo relaciono con lo que te dicen que algo será y luego de lo que tu vives sobre ese algo, la idea de que estamos constantemente pariendo y que siempre nacemos ante un nuevo cambio.  Que la percepción de la realidad depende en gran medida de la programación que llevamos en estos CPU que llevamos en la cabeza. Con 38 años en este mundo, en esta forma llamada hombre, en este cuerpo definido femenino, con esta nacionalidad llamada mexiana, residente de  este territorio de España en esta indefinida condición llamada identidad puedo encontrar un espacio para observar mi actuar bajo la palabra Madre a través de mi vida. Compartir esto resulta un compromiso bastante fuerte por que cada memoria se conecta con otras memorias, mentirme sería mentir en público lo cual hace innecesario la idea de compartir.

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