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Posts Tagged ‘familia’

Encontrarme con gente retrógrada, siempre implica una significativa producción de ácidos gástricos que afectan directamente mi grado de tolerancia. Encontrarme con gente retrógrada en mi familia, es el acabo-se. Nada más desagradable y a la vez desalentador que saberme tenedora de los mismos genes que alguien a quién nomás el sentido común no se le da.

Hace unos meses, a empujones y estirones, acompañe a mi madre a una reunión familiar. Una de esas reuniones donde uno se encuentra  sorpresivamente emparentado con los más raros representantes de la especie humana, participando en rituales ancestrales y hartamente criticados cuando uno está lejos: Los hombres, cerveza en mano, postrados alrededor de una Cazo de Carnitas, mientras el experto cocinero originario de Tepatitlán Jalisco, y cuya ascendencia puede seguirse hasta los primeros habitantes del pueblo alteño, relata anécdotas de su juventud, defiende el cuadro que él propone para la selección mexicana,  y se queja del último gol que le metieron a las chivas, todo al mismo tiempo, sin perder de vista su preciado Cazo. (más…)

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flores con brisa

Por Eloise

No hace mucho tiempo que salí corriendo de mi ciudad, de mi país, de mi código postal, con una furia un tanto instintiva , con un objetivo en la mente y  tomando la mano de mi hijo y de mi marido ( si, como película mexicana), decidí empezar de nuevo. Digo empezar de nuevo por que para mi la vida se había convertido en una tragicomedia interminable, decidí gritar: Corte!, y decirme : comienza de nuevo la escena.

Cuando la dicha escena comenzó mi hijo tenía 6 años y llevaba una chamarra debajo del brazo y un sin fin de preguntas, que hasta la fecha no termino de contestar y algunas afortunadamente no tengo que contestarlas. La escena con la cual comenzamos fue muy sencilla visualmente: un papá, una mamá, un hijo y 3 maletas en un aeropuerto; sin embargo pensaba que en lugar de ser un papá, una mamá y un hijo éramos tres seres humanos sentados frente a una gran posibilidad. ¿Por qué digo gran posibilidad? Porque podíamos hacer borrón y cuenta nueva.  Había que construir algo de nuevo, había que estar ahí los tres y existir. Ese día la idea que tenía sobre la maternidad o lo que había estado creyendo que era  se desvaneció entre mis manos. Estaba dando un paso diferente al que mi madre o que mi abuela habían dado, había abierto una puerta diferente, no digo que mejor o peor sino diferente, había involucrado a mi hijo y le había dicho bruscamente, tal vez : la vida cambia constantemente, el exterior cambia, la gente con quien te relacionas es múltiple, pero la esencia no. Hay que buscar la esencia entonces. Claro que mis conversaciones con mi hijo siempre han sido un poco así, profundas e inadecuadas para las diferentes etapas de desarrollo pero al fin eso tiene que ver más con mi personalidad que con mi intención  profunda de amarle.  Esto resume un poco de que van estas cartas que escribo sobre mi experiencia de la maternidad de eso que a veces parece una condición más que una aventura.

The Road to Nowhere cuando nowhere es precisamente esa incertidumbre que crea la posibilidad.

Cuando mi hijo iba en el metro por primer vez, me preguntaba con su chamarra debajo del brazo: ¿A dónde vamos mamita? ¿Nos vamos a bajar aquí? y yo le contestaba: ¿a dónde quieres ir tú? Pero, mi respuesta iba más allá claro, a Donde  tu quieras ir te acompaño. Esta idea ha permanecido después de hace ya  algunos años. Cuando llegamos a esta ciudad nos desconfiguramos mentalmente, al ser todo nuevo para nuestros ojos, para nuestra comprensión la identificación y la comparación entre el pasado y el presente se hacía inevitable. Estar lejos de México no significaba mas que estar lejos de memorias, dudas, olores, de  referentes,  éramos la madre y el hijo viviendo todo de nuevo sin embargo la palabra <Madre> como comúnmente la entendía  me daba  el derecho de creer saberlo todo, me daba el peso de resolver y de decidir que es <bueno> y <malo> para mi hijo.   Así comienza todo en este mundo, así lo creo ahora, vamos llenando el saco de una generación a otra y al final ya nadie se acuerda de quién es qué. Esto me lo digo y lo comparto. Te dicen tantas cosas sobre la concepción, el embarazo, la maternidad que al final no sabes qué es útil y qué es inútil.  Te equivocas y te equivocas o tal vez aciertas constantemente  pero luego me pregunto: ¿Según quien? ¿Un grupo de madres? ¿tu madre? ¿tu familia? ¿tu sociedad? ¿tu país? ¿tu mundo? y como decía Mafalda: ¡Paren este mundo que me quiero bajar!

Esta es una de las reflexiones que  diez años junto a mi hijo me ha regalado, me ha dado la oportunidad de verme al espejo realmente  y repetir constantemente en mi  mente ese punto en donde la realidad colapsa y encima el niño llora sin cesar y tu cuerpo deformado se  manifiesta, en donde las noches son eternas y el biberón no se calienta, el niño sigue llorando y tu instinto es una casualidad.

Sin embargo la experiencia que he tenido hasta ahora es estar constantemente ante la posibilidad de compartir, de amar realmente y esto no es un concepto, es una experiencia que se presenta todos los días y desvanece en cada instante.

El hijo adorable que repite los gestos de los padres y que físicamente puede tener los mismos rasgos y si uno quiere sigue el mismo camino sin equivocarse, según cuál sea nuestra percepción de equivocarse en la vida, pero qué pasa con la esencia, qué pasa con ese ser que nace y que antes de que pueda decidir ya hemos decidido por él.

Cuando estaba embarazada de 5 meses pensaba: ¿Cómo puede ser que dentro de mi vientre exista un ser humano? esto no lo comprendía viendo libros, fotos y videos, por que iba más allá, realmente tiene una doble lectura, la que te venden es muy superficial, es muy adornada si somos sinceras, realmente es algo extraño, por que físicamente te deformas y luego algo que nunca haz visto se mueve dentro de ti,  lo racionalizamos y parece todo normal, claro  lo amamos, lo idealizamos y el vínculo parece tan abstracto en los nueve meses. Esto lo observaba como un brusco acontecimiento de la vida.

Y ahora después de esa primera parte me pregunto si me salvó el instinto maternal o fue el contacto de tener en mis brazos a un ser que no conocía, aceptar que no tenía un imaginario tan arraigado sobre lo que sería tan arraigado, que abrazaba en mis brazos miles de posibles destinos, que tenía un cuerpo que probablemente se parecería al mío o al de su padre, abuelos, tíos etc.. pero que su esencia no nos correspondía.

Nuestra llegada a esta ciudad tenía una similitud con el nacimiento, no reconocer nada y ser tan vulnerable a cualquier estímulo, no pertenecer a nada y a la vez estar bajo el brazo de una cultura, de una historia.

Esto lo escribo por que lo relaciono con lo que te dicen que algo será y luego de lo que tu vives sobre ese algo, la idea de que estamos constantemente pariendo y que siempre nacemos ante un nuevo cambio.  Que la percepción de la realidad depende en gran medida de la programación que llevamos en estos CPU que llevamos en la cabeza. Con 38 años en este mundo, en esta forma llamada hombre, en este cuerpo definido femenino, con esta nacionalidad llamada mexiana, residente de  este territorio de España en esta indefinida condición llamada identidad puedo encontrar un espacio para observar mi actuar bajo la palabra Madre a través de mi vida. Compartir esto resulta un compromiso bastante fuerte por que cada memoria se conecta con otras memorias, mentirme sería mentir en público lo cual hace innecesario la idea de compartir.

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“La Bandera de la Vida , cuando ondea en el aire, conmueve a todas las almas”. Umberto Eco [En qué Creen los que no Creen, 1997].

Como madre es muy difícil imaginarse bajo qué circunstancias uno como mujer podría tomar una decisión tan fuerte como abortar. Tampoco puedo imaginarme mi vida privada del amor incondicional de mi hija.

Pero al darme cuenta que más de la mitad de los Estados que componen mi país, penalizan el aborto y por lo menos uno de ellos lo considera asunto penal, desde el momento mismo de la concepción, me preocupa y también me ocupa, porque como mujer no puedo aceptar, ni siquiera tolerar que existan leyes de aplicación exclusiva a cierto grupo, o peor aún que estas leyes finalmente sean una cuestión de género.

Se supone que en una democracia, las leyes son de “Aplicación General”, y una ley anti-aborto per-se afecta directamente a las mujeres, en virtud de que somos precisamente “nosotras” las felizmente beneficiadas con un útero.  Y esta diferencia biológica, se ha aprovechado para hacernos vulnerables y muchas veces víctimas del bastión favorito de la misoginia: el Derecho a la Vida.

Cuando pienso en este tipo de leyes que utilizan “Valores Supremos” como banderas para ganarse simpatizantes, y por otro lado generar el más amplio aniquilamiento de libertades y derechos de un grupo específico, automáticamente empiezan a surgir en mi cabeza referentes como: Alemania durante la Segunda Guerra Mundial contra los Judíos,  El Apartheid contra los Sudafricanos NO Blancos, hoy día en algunos países sobre todo musulmanes, donde entre otros derechos negados a la mujeres se encuentra el derecho de elección [¿suena familiar?].

En una belleza de ejercicio de intercambio epistolar realizado de marzo de 1995 a enero de 1996, entre dos de las mentes más brillantes que ha conocido nuestro planeta en los últimos tiempos: Umberto Eco y el entonces Cardenal de Milán, Carlo María Martini (Jesuita por cierto), se establece un debate sobre distintos temas “críticos” tradicionalmente antagónicos entre el mundo laico y el mundo religioso, uno de ellos,  el Aborto.

Umberto Eco abre el debate con una muy apropiada aclaración:

“…..a mi no se me ha sucedido jamás aconsejarle el aborto o aceptar su voluntad de abortar a una mujer que se declara embarazada a causa de mi colaboración. Si me hubiera sucedido alguna vez, habría hecho todo por persuadirla para dar vida a esa criatura, sin importar el precio que JUNTOS hubiéramos tenido que pagar. Y es así que considero que el nacimiento de un niño es una cosa maravillosa, un milagro natural que se debe aceptar. Y sin embargo, NO me sentiría capaz de imponer mi posición ética (esta disposición pasional mía, esta persuasión intelectual mía a cualquiera).

Y más adelante agrega un fragmento que personalmente considero podría establecer un balance en cualquier debate, por aguerrido que este fuera:

“Me parece que existen momentos terribles, de los que todos nosotros sabemos poquísimo (por lo que me abstengo de hacer ninguna tipología o casuística), en los que una mujer tiene derecho a tomar una decisión autónoma que concierne a su cuerpo, sus sentimientos y su futuro.

El Estado penaliza el acto de “Interrumpir una vida” pero ¿qué hace el Estado para garantizar que la madre reciba el debido apoyo cuando por cualquier razón, no se encuentra en posibilidades ya sea físicas, económicas, psicológicas o incluso emocionales de educar a este futuro ser humano? ¿Como se asegura el estado de que este nuevo ser, tenga el mismo amor y oportunidades que otros nacidos en circunstancias “ideales”? ¿De qué manera va a garantizar el Estado que esa mujer a quien le “prohíbe” realizar un acto que ella misma considera para su propio beneficio, reciba la debida atención medica para su cuidado prenatal, y posteriormente durante el parto y postparto?

Por otro lado, el Estado penaliza el aborto con una mano, y con la otra (la que esconde), permite que las empresas exijan pruebas de embarazo y con esa misma prueba, de resultar positiva, se le cierran las puertas de ese empleo que pudiese permitirles subsistir a ella y su bebe, negándoseles asimismo la atención medica tan necesaria en estos casos.

¿Porqué no crear o aplicar leyes que castiguen a las empresas que solicitan el examen de embarazo a las mujeres? ¿Porqué no crear o aplicar leyes que obliguen al IMSS prestar atención medica a mujeres embarazadas desempleadas, sin trámites engorrosos, y largas esperas?

Si en verdad es nuestro propósito ser un país con “altos valores morales”, como presumimos cada vez que queremos aprobar una ley que afecta a una “minoría”, no sería más moral cerrar “Taibols”, prostíbulos disfrazados de masajes, casinos disfrazados de juegos de números para que quepan en la legislación actual, aplicar leyes severas a pederastas  y/o cómplices de pederastas, en lugar de permitirles seguir gobernando un Estado.

Dice Carlo María Martini, en respuesta a Umberto Eco:…(dentro de)….”esos puntos de los que nacen incomprensiones profundas que se traducen en conflictos en el plano político y social, el tema de la Vida, es ciertamente uno de estos puntos críticos de conflicto, en particular en lo que respecta a la legislación sobre la interrupción del embarazo. Los conflictos son siempre terrenos infieles.

Resulta absurdo penalizar algo sobre la base de un concepto que no es Universal y/o que no es claro para todos ( a veces pienso seriamente que ni para quien redactó la ley). El concepto de Vida, así como la definición de en qué etapa del desarrollo de un embrión se debe aplicar este concepto de vida es un grave problema no únicamente legal o civil, sino sobre todo moral y religioso. La siguiente explicación de Carlo María Martini, denota un pensamiento religioso progresista que antepone lo humano a cualquier otro elemento que pudiera considerarse antes de prohibir o permitir un acto determinado:

“No quisiera recurrir aquí  a un llamado genérico sobre el “derecho a la vida” que puede resultar frío e impersonal. Se trata de una responsabilidad concreta hacia quien es el resultado de un amor grande y personal y, por lo tanto, de responsabilidad hacia “alguien”. En cuanto que es llamado y amado, este alguien  tiene ya rostro, es objeto de cuidado y afecto,  Toda la violación de esta exigencia de afecto y de cuidado , no puede ser vivida más que como conflicto, en un sufrimiento profundo y en una laceración dolorosa. Lo que decimos es que es necesario hacer todo para que este conflicto no ocurra, para que esta laceración no se produzca. Son heridas que cicatrizan difícilmente, quizá nunca. Quien lleva las huellas es sobre todo la mujer, la primera a quien se le confió, con confianza, lo más débil y lo más noble que existe en este mundo”.

Y mas adelante, el Cardenal agrega esta importante noción:

“Si aquí se encuentra el problema ético y humano, el consecuente problema civil será: ¿cómo ayudar a las personas y a las sociedad entera  a evitar lo mas posible estas laceraciones? ¿cómo apoyar a quien se encuentra en un aparente o real conflicto de deberes, para que no sea aplastado?”

Nota del Autor: Es una verdadera pena que nuestros políticos no lean, porque en verdad dar lectura a un debate con este nivel de intelecto y cordialidad, me pone al punto de las lágrimas cuando comparo con lo que veo en el Canal del Congreso.

Yo quiero preguntarles a estos legisladores que propusieron y después aprobaron las leyes antiaborto vigentes en nuestro país ¿De qué sirve defender la “vida” de un embrión, cuando no pueden defender a un país de la pobreza y el rezago social? ¿A poco se creen eso de que “el niño trae la torta bajo el brazo”? Si, nomás hay que darse una vueltecita por las calles de sus distritos electorales, ya que hayan dado de cenar y acostado a sus hijos, a buena hora para que al día siguiente vayan a la escuela. A esa misma hora en la que “sus” hijos duermen, otros cientos de miles de niños en este país, están en la calle, luchando por la “torta prometida” a lado de sus madres, y por cierto muy pocas veces se le ve al padre.

Señores, pregunto: ¿Dónde esta la igualdad de derechos y obligaciones? ¿En qué momento perdimos nuestra humanidad?

Insisto que personalmente no veo una circunstancia en mi que hubiera podido obligarme a tomar la decisión de interrumpir un embarazo, por mi educación, mi cultura y mis medios; pero puedo ver la necesidad, muchas veces imperiosa en otras personas, en otras mujeres, de contar con una salida, con una oportunidad, con una sola puerta que pudieran cerrar y dejar atrás un error, un pasado de abusos, o cualquier circunstancia que les impida encontrar la libertad de vivir mejor.

Los invito Señoras y Señores legisladores, a empezar a ver “al otro” que vive en condiciones muy distintas a las suyas, y a quien sus acciones como representantes de nuestro voto, repercuten de maneras insospechadas y a veces hasta canallas.

Cierro citando textualmente a la Dra. Esther Cohen, quien realizó la maravillosa traducción de estas cartas intercambiadas entre Umberto Eco y Carlo Maria Martini, y autora del texto erudito que compone el prólogo de dicha obra(*):

“Es el malestar de este siglo (XX) que no ha sabido aceptar al otro como la diferencia de cultura, de credo, de opción de vida, el que habla a través de sus filósofos, sus escritores y sus científicos; es este malestar el que nos conduce nuevamente a poner en el centro de la reflexión crítica la responsable necesidad de ser responsable”.

(*) ¿En que creen los que no creen?, Umberto Eco y Carlo Maria Martini. Editorial Taurus, 1997.

Definir qué es  y dónde comienza la vida, es una pregunta que nos llevaría nuestra vida entera. Hacerme estas preguntas , créame,  es un duro peso moral, intelectual y emotivo , también para mi. (U. Eco a Carlo María Martini en: “En qué creen los que no creen”)

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Hoy me he dado cuenta que es posible que haya sido un error no escuchar a aquellos que aconsejan no dejar ver televisión a los pequeños (incluyendo a mi marido, Mr. Maury). He notado últimamente que Mijita toma agua todo el día (literalmente),  y no quiere comer, y eso no se lo he enseñado yo. Tal vez, en lugar de preocuparme debería seguir su ejemplo, otro gallo nos cantaría en los veranitos.

Mi política ha sido medirle el consumo de televisión, y supervisar la calidad de los contenidos, enfocándome casi exclusivamente en TV educativa o pública. En Estados Unidos (desconozco si es asi en otros paises), los Medios Públicos, reciben importantes apoyos económicos, mayormente del ciudadano común y de organizaciones sin fines de lucro, así como de filántropos. Esto ayuda a que los medios públicos, generen y promuevan contenidos de calidad, y las noticias se produzcan “sin tendencias” (dentro de lo humanamente posible, porque está mas que claro que no hay medio perfecto, eso lo sabemos de sobra).

No obstante la supuesta prolijidad con la que he tratado de educar a un “ser” sin “actitudes consumistas”, a la sujetita en cuestión le importa un bledo, reconoce perfectamente a personajes que su madre considera estupidos y poco originales. No mencionaré nombres ni marcas para evitar cualquier demanda, pero baste decir que mijita me detiene en el supermercado para que le compre una “esponja que habla”, o para que la deje llevarse a casa la muñeca más cabezona del planeta (pista: es bilingüe y su mejor amigo es un mono).

¿Cómo se ha infiltrado el enemigo en mi casa? ¿Cómo no pude evitarlo?  Ya se que habrá puristas por ahí, queriendome gritar:  “tira la televisión a la basura”.  Pero sería una hipócrita al hacerlo, porque mi relación de amor y odio con los medios es tan fuerte, que estaría cometiendo casi un sacrilegio, esa es la gran incongruencia de muchos de nuestra generación (aquí me incluyo al 100%): queremos mejorar al planeta, pero no queremos perdernos de nada.

Así que mi gran pregunta filosófica del día es: ¿Qué tanto es tantito?

Entre nuestros amigos puedo encontrar todos los matices y extremos a los que se puede hacer uno en este tema de la tele. Unos de plano No tienen televisor en su casa, y no viven atormentados por que sus hijos no estén al día con las tendencias de los niñetes de hoy, todo lo contrario, sus hijos de 11 y 8 años tocan el piano, leen en tres idiomas, se la pasan regiamente con sus padres cuando están en casa. Otra amiga argumenta que el único momento en el que puede descansar y/o hacer algo más que cuidar que su infante no se meta en problemas con alguna travesura, es cuando lo pone frente al televisor a ver dibujos animados, es su “media hora de sanidad”, dice. La entiendo perfectamente.

La cuestión es tener la certeza de que en este caso quepa la connotada expresión: Todo con Medida; y si es que no aplica, saberlo antes de meter la pata y echarse uno encima la maldición del “adolescente enfurecido”, por ese pequeño error de padre primerizo.

Hace un par de años, la revista canadiense Adbusters (www.adbusters.org), publicó un experimento que consistía en un abecedario. Lo notable de este ABC era que cada letra correspondía a la tipografía o logotipo de una marca distinta. En este momento, me trago mi orgullo para admitir ante ustedes que pasé el experimento con mención honorífica: no me faltó reconocer una sola marca. ¿En verdad soy tan inteligente, o es que la publicidad que nos meten los medios, sin que lo solicitemos, tiene tanto efecto?

No lo sé, pero también puedo cantar todas las estrofas de un jingle de una publicidad de los años 70’s sin equivocarme en una sola nota. Hace fácilmente 30 años, que no he vuelto a ver esa publicidad.

Hasta el Próximo Jueves y Mil Gracias por leerme.

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mascaras(3)Autor: Ismael Dagostini (El Padre Insumiso)

Ayer mi hijo mudó un diente. Entre juegos lo perdió y lloró mucho porque “el ratón” no le dejaría una moneda. Por fortuna el ratón es un experto y no sólo le dejó su recompensa monetaria sino que el diente apareció mágicamente bajo la almohada.

La cara de asombro de un niño ante acontecimientos mágicos como éste es invaluable. Podría contemplar ese rostro todo el día sin cansarme. Por mi hijo soy capaz de hacer aparecer duendes, hadas, caballeros Jedi y hasta regalos en navidad.

Espero estar creando un balance, pues me parece importante contestar siempre con la verdad a todas sus preguntas. No me gustaría que algún día me reclamara el haberle mentido.

Acabo de ver un episodio de House MD donde una pareja tiene un bebé con genes tanto masculinos como femeninos. Ellos deciden operarle para hacerle varón. Ya en la adolescencia, en el hospital, se ven forzados a decirle la verdad. Sorprendentemente al niño lo que le molesta no es su condición, sino el que sus padres le hayan mentido tanto tiempo.

Así me sentí yo cuando me enteré que todo lo que nos enseñan de historia en la primaria es mentira. Recientemente, ayudando a mi hijo con una tarea, descubrí que el águila devorando una serpiente es una manipulación descarada. Según un foro de discusión de Wikipedia, el códice original sólo presenta a un halcón sobre un nopal. Sí, halcón (no águila) y sin serpiente, pues ésta fue añadida por el padre Diego Durán para simbolizar la derrota del pecado.

Eso de que la historia del país está en nuestra bandera es una burla. Cómo debo sentirme al saber que todo ese tiempo invertido durante la primaria en aprenderme la historia de México fue una pérdida de tiempo.  Entiendo que se manipulan los hechos para crear nacionalismo, pero llegar al grado de crear toda una cultura basada en mentiras… con razón estamos como estamos. Mira que llamar Padre de la Patria al hombre que en pleno grito de dolores exclamó “Viva la Virgen de Guadalupe. Viva Fernando VII” (el rey de España), ¿nunca Mexico?

Por eso dicen que la conquista la hicieron los nativos, la independencia los españoles y la revolución la seguimos haciendo.

En la página Metatube: 10 mitos de la historia de México, se pone en duda la existencia del Pípila, se dice que la Revolución Mexicana sólo fue la suma de varios alzamientos armados que incluso lucharon entre sí; que Benito Juárez no fue el único presidente indígena, además de que él no fue muy complaciente con los indígenas del país, y que ningún Niño Héroe se arrojó con la bandera. Así como éstas, podemos encontrar muchísimas falacias históricas que damos por hecho, por haberlas estudiado en la escuela.

Las maestras de la primaria probablemente creían lo que enseñaban. La sociedad entera cree lo que ha estudiado desde la infancia. Los gobernantes son expertos en manipulación, pero dudo mucho que ellos conozcan incluso la historia oficial de la primaria.  El engaño viene desde mucho tiempo atrás y, por desgracia,  los historiadores no son los autores más leídos en nuestro país.

Tenemos una historia pirata. ¿Qué le están enseñando a nuestros hijos?

Me pregunto cuánto más será mentira. Dicen que un pueblo debe conocer su historia para aprender de los errores del pasado, pero qué sucede cuando ese pasado es falso. ¿Dónde está el aprendizaje? Seguiremos siendo un país tercermundista si incluso las personas que contamos con una educación al menos básica, en realidad continuamos sumidos en la  ignorancia, pues no conocemos nuestra verdadera historia.

Yo me sentí culpable por introducir la fantasía en la relación con mi hijo. Sin embargo, creo que el juego y la fantasía tienen un papel importante en la maduración intelectual de un niño (El ratón de los dientes puede quedarse). Lo que sí resulta dañino es cuando nos hacen creer que ya no es juego, que es la realidad y resulta ser una o varias mentiras.

Jugar a la fantasía es una cosa. Vivir en la mentira es otra muy distinta.

Hoy voy a jugar con mi hijo a todo lo que se nos ocurra. El sabe qué es un juego. Y cuando me haga preguntas seguiré contestando con la verdad.

Sólo me gustaría saber cómo hizo el ratón para encontrar el diente perdido de mi hijo. Yo ya lo había buscado por todas partes.

Frases Célebres sobre la Verdad y la Mentira

Dr. Gregory House: Todos mienten.

Los Jesuitas: La verdad nos hará libres. (Se nota que no eran abogados).

Agente Mulder de los X-files: La verdad está allá afuera. (Sí afuera, pero ¿dónde?).

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No deja de sorprenderme la capacidad que tenemos los seres humanos para adaptarnos a las situaciones mas bizarras. En mi vida prematernal, viajar fue siempre uno de mis grandes placeres. Debo confesar sin embargo, que fui de esas personas detestables a quienes le fastidiaba profundamente ir sentada cerca, a lado, enfrente o atrás de algún niño, especialmente cuando a ese niño le daba la gana ser infeliz y hacernos infelices al resto de los pasajeros durante la totalidad del trayecto,  vocalizando su infelicidad en amplitud NO modulada, es decir con toda la capacidad permitida por sus pequeños pulmones.

Mi fastidio estaba muy lejos de ser sutil,  muchas veces tuve el descaro de pedir cambio de asiento en voz alta, y encima echarle unos ojos de pistola a los pobres padres, quienes de acuerdo a mi no tan amplio criterio, carecían de cualquier pista de capacidad para calmar a su nene gritón: “!!Por favor!! tengo que dormir!!! ¿Qué se está pensando esta gente?.— mi queja silenciosa de uso frecuente.

Ahora que hago memoria de aquellos tiempos no tan lejanos, me doy cuenta que mi bastardismo no tenía límites, ya que el simple hecho de estar detrás de una familia con niños pequeños, esperando el turno para documentar equipaje, era suficiente para ponerme del peor humor posible, y echarme a perder lo que podría haber sido un magnifico dia: “Ufff…..,  será posible que alguien pueda viajar cargando tantas mugres” (refiriéndome al número de bultos cargados por la familia en cuestión).“De veras que tener hijos vuelve a la gente lenta e idiota,: ¿porqué no se mueven?  ¿no ven que la línea está larguísima? ¿Van de vacaciones o decidieron mudarse al Este con todo y sus vecinos? ¡Toma tu tiempo cretino, no hay prisa, aquí te espero mientras persigues a tu chukie (el muñeco diabólico) por todo el aeropuerto!.—Estos son solo unos cuantos ejemplos, de la serie de barbaridades que cruzaban por mi cabeza.

Afortunadamente, la vida es cíclica, y hoy soy uno de esos padres, de los que solían fastidiarme tanto, en mi otra vida.

Payback

El mes pasado decidimos tomarnos unas vacaciones para ir a visitar a los abuelos de mijita, muy cerca del hogar de Dorothy (muy querido personaje del Mago de OZ).

Nos pareció que entre dos adultos sería muy fácil viajar con un infante, y además cumplir con todos los requisitos exigidos por aeropuertos, aerolíneas, gobiernos paranoicos y las buenas costumbres. Y en resumen así resultó nuestra primer experiencia como padres viajeros:

Día del viaje. Dos horas y Media antes del despegue.

Documentación de Equipaje:

3 maletas, una maleta por cada miembro de familia. Perfecto. 30 dólares por la primer maleta, 20 dólares por las subsiguientes. Como prefiere pagar? Tarjeta? Perfecto. Firme aquí, firma allá, aquí esta su recibo. Tan fácil como eso.

Equipaje de mano. Aquí se complica un poco la ecuación cuando viajas con niños:

  1. Asiento de coche para bebé, aprobado por FAA. Para información detallada, ver pagina de aerolíneas en el rubro de “viajar con niños”, pero si te da pereza aquí te va un tip rápido: prácticamente todos los asientos de “marcas reconocidas”, hechos en Estados Unidos, cumplen con este requisito. Además, NADIE TE REVISA el asiento, lo único que les importa es que entre por el hueco de la máquina de rayos X,  quepa en el asiento del pasajero y haya manera fácil de sujetarlo con el cinturón.
  2. Pañalera con todos los líquidos y cremas en frascos no mayores a 3 oz, y bien afiladitos dentro de bolsas de plástico transparente.
  3. Una bolsa de mano con todos mis artículos personales (no líquidos), incluyendo mi computadora, aunque esto de mencionar la computadora como artículo personal suena redundante, porque salvo un Tampón, no se me ocurre nada mas personal que puedas cargar como equipaje de mano.
  4. Mochila de “mijita” con libros y juguetes para combatir el aburrimiento y evitar escenas bochornosas que incluyan gritos y llantos (vamos a ver).

Total de bultos a cargar: 4 bultos mas el infante

“ I am on a plane, and I cant complaint”,

Tuvimos mucha suerte en que nos asignaran los asientos más perseguidos de la clase turista, esos que se encuentran inmediatamente después de las mamparas de privacidad para Primera Clase.

Nos acomodamos con muchos trabajos pues la cantidad de cosas que traemos con nosotros no nos permite la movilidad suficiente como para no estorbar de vez en cuando a los pasajeros que aún quieren llegar a su asiento y tuvieron la mala suerte de encontrarse con nosotros: los padres que viajan como beduinos y después de media hora, todavía no se enteran como sujetar el asiento de coche, al asiento de avión.

Debo decir que hasta ahora, mijita se ha portado como una “dama”. Todo ha estado perfecto con ella, hasta pasar por seguridad, y la quitada de zapatos y chamarras, y la chicharra del detector de metales, y la espera a que un agente femenino venga por nosotros a la cámara de revisión secundaria, etc., todo lo ha tomado como solo los valientes pueden. Yo estoy pensando que la gente no se ve tan molesta en estos días cuando la revisan de pies a cabeza, descalzos y con las miradas del resto de nosotros encima. Estoy pensando: ¿como es posible que nos hayamos acostumbrado a esto que tiene escrito por todos lados la palabra “vejación”?

Bueno, volvemos a la escena del avión, pero ya al momento previo del despegue, donde por fin ya estamos los tres acomodados en nuestros respectivos asientos, nuestro sentido común nos dice que mijita debe ir entre los dos adultos, pero el sentido común pronto se convierte en “error de principiante” cuando la azafata que realiza la revisión para el despegue, nos dice que la nena debe ir en el asiento de la ventanilla, y me pregunta si el asiento es aprobado por FFA.

“¿Qué se supone que debo contestarte guapa?: ¿que si no sabes tú, menos yo? ¿Que por mas veces que leí las instrucciones de tu aerolínea, para mi como si estuvieran en chino porque nunca me quedó claro? ¿Qué como es posible que me vengas a preguntar esto ahora que estamos a un minuto de despegar, cuando pasamos al menos por tres inspecciones en las que alguien pudo darse cuenta si era o no el autorizado, antes de subir al avión?”. Entonces le respondo con firmeza: sí, este es el asiento adecuado.

Por fin despegamos, y todo ha salido de maravilla, mijita ha estado disfrutando de su asiento en ventanilla, para ver por primera vez el mundo desde arriba y no desde abajo como lo ha visto desde que empezó a caminar.  Después una siesta, y justo a la mitad del vuelo:

La nena empieza a desesperarse, no la contenta ni el agua, ni las roscas de avena que tanto le gustan, ni nada, quiere bajarse de la silla y caminar, infelizmente estamos en medio de una turbulencia, así que eso de caminar no va a ser posible.

Su llanto no es tenue, de hecho creo que lo que está haciendo cuando lo hacen otros niños se llama “berrear”, es cuando empieza a morderme la culpa y mortificada recuerdo todas las veces que  desee ir en un avión donde no se aceptaran niños.

Pienso que en este avión, no faltará algún cretino que como yo en el pasado, ahora mismo esté deseando que pasen una regulación en la que se asignen vuelos “libres de niños”.

También, pienso que cambiaría todo el equipaje de mano, por un disfraz de payaso, que sería lo único que se me ocurre podría distraer a mijita de semejante berrinche, y que ojala cambiaran su rutina las aerolíneas y agregaran la siguiente instrucción en su guión:

“Favor de abrocharse los cinturones y ……ponerse los audífonos”.

No me queda otra que hacerle los 5 numeritos de emergencia (todos con la velocidad que solo se logra sintiendo la presión de la vergüenza pública):

  1. Pikabu. No resulta, ya se dio cuenta que no voy a ir a ningún lado, que estamos cautivas en una caja de aluminio sellada por todos lados.
  2. Dame 5. Tampoco resulta el choque amistoso de manita con manota.
  3. Popurrí de la abuelita rosa: arroz con leche me quiero casar, esta niña linda que nació de día, pon pon pon ( ya estoy cantando, debo estar realmente desesperada).
  4. El mono ahogado (inflar los cachetes y aguantar la respiración hasta ponerte morada), por la descripción, deben darse cuenta que ya estoy al borde del suicidio.
  5. La voz del hombre al que le pico una abeja en la lengua. No se porque le hace tanta gracia esto desde que vio la película de Adam Sandler: Bedtime Stories. Este numerito ha sido mi salvación esta vez, mijita esta sonriendo.

Por la narración de los eventos, podría inferirse que estoy viajando sola o que mi marido se mantiene inerte ante cualquier situación, todo lo contrario, desde que somos padres, nuestra vida se ha convertido en una constante carrera de relevos.

Hemos aterrizado, y no ha estado tan mal como esperaba. Mijita se encuentra placidamente dormida. Tratamos de recoger todas nuestras cosas con la mayor discreción posible, sin molestar o estorbar. De pronto dos chicas que todo este tiempo han viajado detrás de nosotros, me miran sonrientes. Les devuelvo la sonrisa de manera automática, entonces una de ellas se acerca y me dice en voz baja: que bien se ha portado tu niña. Le doy las gracias sin saber muy bien por qué. Y agrega: Porque el chiquillo de atrás no ha parado de gritar en todo el vuelo.

Me doy cuenta que nunca escuche al “chiquillo de atrás” y desde luego jamas debi darle las gracias a esa chica.

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mascaras(3)

A partir de esta semana, tendremos como Bloguero invitado a   ISMAEL DAGOSTINI, quien traera a nuestro espacio el Balance Ying/Yang. El Padre Insumiso, es su queja contra el monopolio femenino otorgado social y culturalmente a la madre sobre los hijos. Gritandonos a la cara: !Aqui estoy! !Soy yo, el padre, NO SOY INVISIBLE, feministas descocadas!. Disfrutenlo. Marga Britto.

BLOGUERO INVITADO: ISMAEL DAGOSTINI

“Hay amores que se dan en el padre y hay amores que se dan…  en la madre.”

Eugenio Derbez.

Al hablar de los hijos es común escuchar el punto de vista de las madres. Las sorprendentes historias de los sacrificios hechos por algunas mamás. Mientras que el padre sólo es como un extra en la relación familiar. Al padre se le menciona como el que sale muy temprano y regresa muy tarde, ya cansado del día de trabajo. Es el que regaña. “Ya verás cuando regrese tu padre.” El ausente, el que representa al cerebro de la familia y por lo tanto es incapaz de mostrar emociones.

Me parece de lo más injusto. Especialmente cuando yo soy un padre que pasa todo el día deseando regresar a casa para ver a mi hijo, jugar con él y hacer la tarea juntos. La radio parece enviarme mensajes con sus canciones. La voz de María Dolores Pradera me dice en representación de mi hijo: el tiempo que te quede libre, si te es posible, dedícalo a mí. No importa si son dos minutos, o si es uno sólo, yo seré feliz.

Así que no me gustaría llegar anhelando abrazar a mi hijo y que me digan que debo regañarlo. Sería lo más frustrante que me podría suceder.

Recuerdo que en mi infancia me tocó ver una película argentina llamada “Días de Ilusión” En ella una madre (¡¡¡de nuevo la madre!!!) era internada en una institución mental simplemente por crear un mundo fantástico y maravilloso para convivir con su hija. Recuerdo que me parecía tan sorprendente que la sociedad castrara la felicidad de esa manera. Yo me propuse aquel día, que si llegaba a tener hijos, los convertiría en las personas más felices de la tierra.

Hoy tengo un hijo y, por fortuna, una esposa increíble que también sabe disfrutar de la felicidad. Los tres convivimos en nuestro mundo de fantasía. Claro funcionamos en el mundo “real”, pero entre nosotros hemos logrado construir una isla de nunca jamás que disfrutamos bastante.

Me gusta ser un padre participativo y por eso renuncio a la imagen del padre regañón y ausente. Creo que estimulo a mi hijo a ejercitar las diferentes inteligencias y lo hago a través del juego y la convivencia. Verlo crecer feliz me llena de regocijo.

No sé si esto me hace un Padre Insumiso. Actualmente son cada vez más los hombres que renuncian a la antigua idea de que la mujer debe criar a los hijos. Yo creo en la democracia familiar. Padre, madre e hijos son personas que forman parte de un mismo sistema y su funcionamiento depende del trabajo en equipo.

Lo cierto es que soy un padre feliz. Me siento orgulloso de mi hijo y me da mucho gusto poder afirmar que sé hacerle de desayunar, que lo llevo a la escuela, que lo peino todas las mañanas y que puedo platicar con él de lo que sea.

Me llena de orgullo poder afirmar que conozco a mi hijo.

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