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Archive for 21 enero 2010

Tijuana Blues

A partir de este jueves HispanicLA.com inicia la publicación de Tijuana Blues, una columna de Marga Britto que redime la identidad del tijuanense orgulloso y la define, por encima de la violencia del narco, el apuro del emigrante, la debacle de los deportados y el cinismo de los oportunistas.

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Cada año se hace la colecta de la Cruz Roja en México, y cada año las calles de todas las ciudades se llenan de voluntarios, jóvenes en su mayoría, portando la camiseta blanca y roja, con la inconfundible insignia de la Cruz Roja. Termina la colecta y te olvidas de las camisetas y los jovencitos que las llevan puestas, y hasta la pegatina que pusieron en la ventana de tu carro, como prueba de que “Ya donaste”,    se la ha llevado algún limpiavidrios con su trapo, en algún semáforo, de alguna transitada avenida.

Los 15 minutos de fama de la Cruz Roja en la vida de una ciudadano común y corriente han finalizado oficialmente, por lo menos hasta que se requieran sus servicios.

En los Estados Unidos no es tan evidente la  operación diaria de la Cruz Roja, pero en México, dudo mucho que exista alguna persona que no haya visto una ambulancia o algún voluntario, haciendo lo que en otros países es función de los sistemas de salud: atender emergencias, accidentes,  prestar sus servicios al que No tiene y mas importante aun, salvar vidas.

Si, no faltan las quejas de que el servicio no es de primera, pero ¡vamos!, es gratis, y operan con donaciones, y no con un millonario presupuesto federal, ni estatal, ni mucho menos municipal.

Sin duda en México, la Cruz Roja tiene un significado distinto a su labor internacional, y en  momentos como los que esta viviendo hoy día Haití, o en 1995 la ciudad de México, o en el 2004 Indonesia con el Tsunami, y para los que la gente de a pie, no esta preparada, el trabajo humanitario tiene un valor que no puede medirse en ningún termino. Creo que coincidirán conmigo cuando afirmo que no hay nada comparable a la desesperación de un padre o una madre por encontrar o salvar a su hijo, y las imágenes que estamos viendo hoy de Haití, pintan una situación dantesca, incomprensible al 100% para quien no esta ahí soportando la agonía del reloj.

Dice CNN que  gente atrapada entre los escombros puede sobrevivir sin alimento y agua entre 4 y 5 días,  y cuando escucho esto, parece que al día ya le quitaron horas automáticamente, así que no puedo ni empezar a imaginarme por lo que están pasando los que están a salvo y esperan noticias de sus seres queridos que aun no son rescatados,. Y estos últimos, sabrá Deux bajo que circunstancias se encontraran en estos momentos.

Ayer camino a casa, escuche una transmisión en vivo desde Haití, y el corresponsal de “National Public Radio”, narraba con dificultad lo que ocurría en ese momento a su alrededor, y la dificultad se originaba por lo duro de las imágenes, que aun para una persona acostumbrada a ver la desgracia ajena a diario, esto era demasiado para tomar con “objetividad periodística”.

El corresponsal se encontraba en la Villa Creolle que es el lugar donde hasta ayer se hospedaban todos los médicos extranjeros, y a donde miles de personas habían acudido con la esperanza de recibir atención medica,  en virtud del letargo de la ayuda en sus lugares de origen.  Ahí, justo en lo que seria la piscina de este otrora hotel de cinco estrellas, en uno de esos sillones que usan los vacacionistas del exclusivo lugar para tomar sus baños de sol, descansaba una nenita, que por la descripción que con muchos trabajos dio el periodista, tenia heridas por todo el cuerpo, y se encontraba totalmente desnuda, salvo por lo que parecía ser un mantel de mesa.  La niña estaba sola sin un alma, lo que tanto al periodista como a quien escuchara le sugerirían dos hipótesis:  sus padres se encontraban buscando ayuda en algún otro sitio del mismo hotel, o la nenita llegó ahí sola.

Cualquiera de las dos, resulta desoladora.

Cuando llegue a casa lo único que quería era abrazar con todas mis fuerzas a mi hija.

Hay que donar ahora que todavía no es muy tarde y pueden salvarse mas vidas en Haití.

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Mijita ha entrado en esa etapa que, despues de la adolescencia suele ser la más temida por los padres: los “terribles dos“. No quiero cantar victoria y pensar que ya pasé por lo peor, y que verdaderamente no me ha ido tan mal como a otros, pero hasta ahora la situación puede calificarse de “manejable”.

Los síntomas, muy típicos (o estereotípicos): Berrinches combinados con desplantes físicos que dejarían notablemente humillado al mejor acróbata chino. Cambios de humor violentos: de la tristeza a la alegría en un solo paso (y no estoy sugiriendo el titulo de ningún libro de autoayuda).  Lanzamiento al vacío de todo tipo de artefactos incluyendo su plato entero de comida, con inesperada fuerza y velocidad. Bueno, lo normal, lo de todos los niños. Sin embargo, no obstante lo agotador y frustrante que suele ser esta etapa ––porque eso de andar como secretario particular de un nene neurótico que tampoco soporta que te le desaparezcas o apartes por mas de 10 segundos y cuidadito de no mantener la distancia reglamentaria en todo momento no mayor a dos metros de su adorable personita––, estoy sumamente intrigada por la velocidad y lo dramático de los cambios que está sufriendo mi querida infanta.

Para empezar, puedo asegurar que en las últimas dos semanas ha descubierto estos nuevos sentimientos: vergüenza y timidez, que parecerán sinónimos o por lo menos uno efecto del otro,  pero en la práctica son dos experiencias muy distintas que también se dan en circunstancias muy impares. Hasta hace dos semanas, la nenita era la típica reina de carnaval que ondeaba su manita para saludar y despedirse de todo mundo, es mas, creo que en su cabecita todo se reducía a una fiesta en su honor las 24 horas del día, estuviésemos donde y con quien estuviésemos. Ahora, cuando un “extraño” y no tan “extraño” se acerca a quererle saludar, la nena hace un gesto que me recuerda mucho a Elmer el personaje de El Conejo de la Suerte (Bugs Bunny) cuando se encontraba con el guiño de alguna dama (quien regularmente era el mismo Bugs, en su faceta trasvesti), a la vez, me sujeta las manos con todas sus fuerzas y con la mirada fija, no deja de repetir la palabra mamá, hasta que ella misma se convence de que se encuentra fuera de la “lupa”.

La vergüenza se manifiesta con una leve sonrisa y sonrojamiento, acompañados de un sutil desplazamiento de su cuerpo hacia algún lugar menos expuesto, generalmente incluye abrazarse de las rodillas de su padre o su madre.
El otro elemento que ha captado mi atención en estos últimos días, es que prácticamente de la noche a la mañana ha adquirido la capacidad de repetir a su manera, cada palabra nueva que escucha. La memoria aún no retiene el nuevo vocablo por más de ocho minutos, pero lo inaudito es la aparición de esta nueva capacidad para repetir y pronunciar nuevas palabras, que literalmente no tenía hace un par de días. Dicho sea de paso, que esta nueva capacidad en mi hija, ha representado un nuevo reto personal, como si el ser padre no significara un reto suficiente, !ahora tengo que cuidar mi vocabulario! Difícil situación cuando conduces un coche en ciudades como Los Angeles o el mismo DF.

Hay momentos en que no tenemos “recursos” eficaces para “neutralizar un berrinche, sobre todo cuando este berrinche pone de manifiesto públicamente lo intimidatorio que suele ser esta etapa para algunos padres, también hay momentos en los que resulta evidente que parte de la frustación que originan estos “berrinches” es la incapacidad de nosotros, los padres, de entender el código de comunicación utilizado por el nene que atraviesa por los Terribles Dos. El nene sabe lo que quiere, conoce más cosas a su alrededor, igualmente sabe cómo llamarlas, pero sus padres aún no pueden entenderlo, es como estar gritando atrapado dentro de un florero, viéndolo de esa manera, puedo entender la gran frustración que atraviesa esta flota de dosañeros, que se mueven por el mundo, muy a pesar de nuestro gran handicap comunicacional.

No sé cuanto va a durar esta etapa, algunas personas me dicen que dura una eternidad, otros que pasa pronto, pero lo que si sé, es que las lecciones que recibo a diario de este híbrido de “mini me” neurótico, que no se me aparta un solo instante, y al que muchas veces parece imposible poder contentar con nada, son lecciones mucho más profundas de lo que alcanzamos a percibir en la superficie, porque al final del día, los terribles dos simplemente son el nacimiento de una nueva forma en la que tu hijo se comunicará contigo de aquí en adelante. Captas lo fuerte del asunto? Creo que sí.

Muchas gracias por leerme.

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