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Posts Tagged ‘hijos únicos’

Esta es la 4ta semana de mijita en la escuela, y no sé si el hecho de llevarla solo dos días a la semana, ayude a que cada ida a la escuela  se transforme en un volver a transitar por las mismas emociones de mijita y de mamá. Mi rutina ha sido quedarme unos minutos con ella en su salón, que muchas veces suele ser una hora, dependiendo de su estado de ánimo; aunque una de las maestras muy amablemente me dio me respectivo ‘Jaloncillo de orejas” y me “sugirió que reduzca mi estancia a unos 10 minutos máximo. Así que mañana experimentaremos con la nueva terapia de shock sugerida por la educadora.

En estos días he observado algunas cosas en la conducta de mi hija en las que no había reparado antes. No interactúa con los demás niños, y aunque es normal que esto suceda, pues se ha integrado a un grupo de niños que llevan juntos desde septiembre y ella es la nueva. Pero por otro lado, los niños son extremadamente sociables y amables, por lo que algunas reacciones de mijita a veces se notan un poco, digamos, de más. Una o dos veces ha empujado a algún niño que quiere ser incluido en su juego de turno o  cuando algún niño se me acerca. Pero aunque me digan que es normal, a mi me parece que mijita está desarrollando actitudes típicas de el “hijo único”, así que tendré que estudiar más sobre ese tema. Bueno y sin contar que los berrinches típicos de los “terribles dos” se han acentuado.

Mijita sabe perfectamente lo que significa ir a la escuela, y en más de una ocasión me ha expresado categóricamente que !NO ESCUELA!, y esta animadversión ha desencadenado otras acciones de protesta como la de no bañarse. Su repentinta hidrofobia curiosamente inició con su primer día de escuela, y tal vez, no tal vez, es casi seguro, bueno, la verdad es que cometí un error al decirle que tenía que bañarse porque al día siguiente era día de escuela, eso acabó con su adoración al preciado h20. Así que ahora en lugar de un problema  tengo dos: bañarla y  llevarla a la escuela.

Lo duro de dejarla en la escuela es la despedida, pues me han dicho los maestros y maestras, que el llanto dura unos minutos, y en el transcurso del día se acuerda de nosotros y vuelve a buscarnos por unos minutos hasta que se le convence que volveremos por ella en un rato.

Por mi parte, yo he tenido que terapearme y me repito varias veces durante el día hasta convencerme, que no es la primer niña que llora cuando la deja en la escuela, y que seguramente en ese momento en que más la estoy extrañando ella estará corriendo por el patio o jugando en los areneros, o dibujando con plumones que es lo que más le gusta a hacer.

Cuando voy a recogerla, es mi momento favorito del día. Me recibe con toda la felicidad del mundo y me da unos besos a los que hemos bautizado: eternos, porque pega su cara a mi mejilla y no se me despega por nada ni por nadie.

No quiero que llegue Septiembre.

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